Revista Cítrica

El oficio de ser libre


03 de enero de 2017

Revista Cítrica

La organización social Yo No Fui trabaja con mujeres en contexto de encierro hace 15 años. A través de talleres artísticos y de capacitaciones las preparan para enfrentar a una sociedad que hasta ahora las excluyó. Formaron una cooperativa, tienen una tienda virtual y siguen aprendiendo.

Crédito: Yo no fui
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Mujeres privadas de su libertad en las cárceles de todo el país. A veces,  alejadas de sus hijos o cuidándolos en los lugares menos deseados. Muchas de ellas no terminaron sus estudios primarios o secundarios y tuvieron que salir a la calle a ganarse unos pesos cuando aún no habían llegado a la mayoría de edad. Ellas no fueron. Fueron las desigualdades en las relaciones de poder, las décadas de abandono del Estado y la exclusión de la sociedad que las expulsó a caminos sinuosos por un plato de comida. Y sin embargo, la vida les dio revancha: ellas sí fueron las que se hicieron cargo de sus destinos y se sumaron al proyecto Yo No Fui, una organización social que trabaja desde hace 15 años en talleres de arte y oficios con mujeres en contexto de encierro y liberadas, las cuales están expuestas a la mayor precarización laboral. Porque son mujeres, pobres y con antecedentes penales.

“A partir de ver lo que les pasaba a ellas afuera y de las trabas que encontraban, empezamos a diseñar estrategias para que pudieran armarse adentro y afuera, y vincularse en la sociedad. Así nacieron los talleres. Y tratamos de generar otro discurso, con la posibilidad de cambiar. Están privadas de su libertad, pero el acceso al resto de los derechos tiene que estar garantizado”, enfatiza María Medrano, coordinadora de Yo No Fui y tallerista.

En la organización les proponen distintas actividades de sensibilización social frente a la problemática del encierro. Las mujeres participan de jornadas de discusión, debates y mesas redondas sobre temas vinculados a su situación. Entienden el arte como espacio de liberación, expresión y desarrollo para sus vidas. Además, se dictan talleres de carpintería, encuadernación artesanal, diseño textil y fotografía que les ofrecen herramientas concretas para el autosustento. “Acompañamos el proceso de libertad de las mujeres, la idea es  fortalecerlas desde el trabajo. En las cárceles y también para recibirlas afuera. Y todo lo hacemos con las mujeres que estaban allí, en el laburo con ellas fuimos enfocando la organización. Empezamos con un taller de poesía y terminamos en un trabajo mucho más amplio”, celebra Medrano.

Sin embargo los recortes presupuestarios, que saltaron a los medios de comunicación con las tomas del Conicet o del Ministerio de Educación, ya venían afectando a lo largo de todo 2016 a iniciativas similares a Yo no fui : “Nosotros sostenemos nuestros talleres. Más allá de que no tenemos fondos, continuamos. Veníamos trabajando con varios ministerios pero últimamente estuvo todo muy parado. No se sabe qué pasó con los convenios con los ministerios de Educación, Trabajo y Justicia. Muchos de los programas con los que veníamos trabajando no están o están parados”.

Semanas atrás, se reabrió el debate sobre el tiempo que los/as presos/as pasan fuera de la cárcel por el derecho a las salidas transitorias. En el fin del año legislativo, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto presentado por el Frente Renovador que propone limitar las excarcelaciones de los  procesados y restringir las salidas transitorias. Medrano dice que la reforma de la  ley 24.660 “intenta administrar el acceso de las personas a la libertad y sus derechos. Prohíbe las salidas por trabajo y estudio, las cuales aportan mucho. Les prohíben formarse, capacitarse y contactarse con la sociedad. El proyecto es contradictorio a lo que predican. Nosotros trabajamos hace muchos años y queremos generar otro discurso. Estar preso no significa estar privado de sus derechos; por el contrario, tienen que estar garantizados”.

“Este año fue muy difícil trabajar con el sistema penitenciario a nivel federal. Tuvimos muchos conflictos en las relaciones institucionales y en el ámbito legislativo; lo que se ve reflejado en el acceso a los materiales, en los talleres de carpintería no nos dejaban usar las máquinas, ni nos dejaban entrar las cámaras fotográficas. Este año nos pasamos yendo al Congreso. Y el panorama es tristísimo pero lo que logró este escenario es que nos organicemos”, rescata María Medrano.  

Están organizadas pero las discriminaciones por las que atraviesan cotidianamente no terminan nunca. Al finalizar el ciclo lectivo 2016  parte del equipo docente no pudo ingresar al acto de cierre en el Centro Universitario del Complejo IV de Ezeiza. Todavía las alumnas no recibieron los diplomas. “En febrero, cuando se retomen los talleres, se los entregaremos en mano. La directora del penal dio explicaciones absurdas para justificar esta medida”, dice Medrano.

Nada las detuvo. En estos años, crearon la cooperativa de trabajo, producción y comercialización de los productos de la marca YoNoFui. En los talleres realizan producciones para esa marca y trabajos para ferias y empresas. También lanzaron una tienda virtual y una red de locales que compran sus productos.

Medrano está al frente de un grupo de docentes de diferentes ámbitos. El equipo de Yo no fui está conformado por mujeres que estuvieron presas y otras que no: “Más allá de que los medios se la pasan hablando de las cárceles, a los presos se los abandona.Todos apuntan a endurecer las penas, en lugar de incluirlos  y formarlos. Nosotras hacemos algo distinto”.

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