Revista Cítrica

Diseño sin fronteras


13 de junio de 2017

Lautaro Romero

La Cooperativa de Diseño trabaja con fábricas recuperadas y cooperativas. Son seis mujeres que le escapan a lo establecido: además tienen un proyecto con artesanas Qom, en Chaco, que busca revalorizar el trabajo y construir, desde y para el pueblo.

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Florentina Dib nos guía hasta lo más alto del edificio, por momentos laberíntico. Todo parece estar conectado. Gente produciendo pomos para dentífricos con armonía. Hay lucha y resistencia en cada pared que reviste el IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentinas); una de las primeras fábricas recuperadas del país, fundada a principios del siglo pasado, en el corazón de Almagro. El cuarto remodelado cuenta con lo necesario para hacer de oficina en el tercer piso. En plena jornada, nos recibe el resto de las integrantes de la  Cooperativa de Diseño: Carolina Cuiñas, Emilia Pezzati, Mora Monteverde, Silvia Núñez y Sofía Bastanchuri.

Todo empezó cuando les ofrecieron el espacio en IMPA, en 2011. Siete diseñadoras, egresadas de la UBA, buscando una alternativa laboral que les permitiera vivir sin caer en el diseño de autor. “Formamos una cooperativa para desarrollar otra orientación del diseño, desde y para el pueblo. Tomamos mucho del diseño popular”, cuentan, mientras llega la comida. Es hora de tomar un descanso.

La Cooperativa abarca tres grandes líneas del diseño: audiovisual, gráfico e industrial. Y ofrece más que nada servicios a fábricas recuperadas, cooperativas y sectores de la economía social.  Son los catálogos de Durax (Cooperativa Cristal Avellaneda). Los bastones del IMPA hechos en madera y aluminio, industria nacional.  “Al principio fue difícil. Hubo que deconstruir esa mirada con la cual nos formamos, que valoraran nuestro trabajo. Pensaban que por ser cooperativa no cobrábamos. El primer logro fue que todas podamos vivir de esto. Llevó tiempo”, reconocen.

¿Cómo lo hicieron? “Nos asesoramos básicamente para tener  un método propio de repartir el dinero. El servicio es difícil de medir. Podés hacerlo según las horas y la complejidad. Muchos tenían la necesidad del diseño pero no contaban con los recursos para pagarlo”, explican.

 “Mujer bonita es la que lucha”, dicen las remeras que produce la cooperativa.  Es uno de sus mensajes sociales. Y otro de los frentes de combate en el que dicen presente. “Los primeros dos años atravesamos todos los estereotipos impuestos por ser mujeres. Aunque se ve que nos comunicamos bien porque no nos sucede más. Si lo nuestro es la comunicación, qué mejor que utilizar esa herramienta para transformar”, opinan.

Eso busca fundamentalmente el proyecto que la Junta Unidad de Misiones (JUM) lleva adelante con las artesanas Qom en Castelli, un pequeño pueblo antes de llegar al Impenetrable, en Chaco. Y en el cual la Cooperativa de Diseño trabaja en conjunto desde 2013. “Buscábamos un proyecto que no sea asistencialista, sino de acompañamiento, realmente participativo. Cuando llegamos, hicimos una introducción de lo que es el diseño y nos dimos cuenta que, para ambas partes, era un shock cultural. Primero había que generar un vínculo. Aprender para después proponer”, confiesan. ¿La misión? Generar identidad, revalorizar el trabajo ancestral de las artesanas y apuntar a la capacitación digital de los más jóvenes.

“No valorizaban sus productos porque mucha gente hacía lo mismo, y los terminaban cambiando por una bolsa de manzanas. La valorización pasa no sólo por el producto en sí, sino de ellas como artesanas”. Las Qom hacen sus productos con la hoja de palma que les compran a las mujeres del campo. Se encargan del tejido y la terminación. El diseño como fuente de trabajo y conocimiento al alcance de los pueblos originarios, marginados desde tiempos inmemorables.

A esta altura, las artesanas Qom lograron formar un colectivo que vende cestos, canastos para bici y paneras, entre otros productos. Ha cambiado la dinámica de trabajo en estos años. “Hace poco vino la asistente que trabaja allá y nos comentó que tienen pedidos grandes. Eso las lleva a organizarse como grupo. Ahora están haciendo trámites para ser cooperativa”, nos adelantan, orgullosas por lo recorrido hasta aquí.

Un caso sensible que de alguna manera sintetiza el propósito multidisciplinario perseguido por la cooperativa. “Muchos nos dijeron que no era posible y es algo que va en crecimiento. Se forma una red de trabajo con un montón de gente que comparte la misma mirada. Tenemos ganas de editar un libro de diseño, con nuestras experiencias, y las de otros grupos colectivos, como para empezar a dejar algo de todo este movimiento que se viene construyendo”. Siempre desde, y para el pueblo. 

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