Revista Cítrica

“Cuando uno sabe sentir, lo poco es mucho”


23 de mayo de 2017

Maxi Goldschmidt

A 25 años de la muerte de Atahualpa, Juan Falú y Ramón Ayala relatan sus encuentros con ese “hombre solo que iba por los caminos con su guitarra y su mundo encima”. Su influencia en la música, la poesía y la cultura popular.

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“Para mí es tan importante tenerlo presente que cuando eso no ocurre siento una tristeza enorme”, dice Juan Falú de Atahualpa Yupanqui, “figura central de la cultura nacional, no sólo como músico y poeta, sino como un decidor, un pensador, y por qué no un filósofo, impregnado de la sabiduría criolla. Y tal vez uno de los más grandes defensores de la cultura criolla en Argentina. Tanto su lado pampeano como norteño, y más específicamente tucumano, han calado profundamente en el alma popular, en la memoria colectiva”.

Para Ramón Ayala, otro artista profundo y popular, “además de poeta y músico, Atahualpa siempre ha sido una luz y una forma de vida, y de pensar esta tierra. Y de amarla. Como él la amó, por todos los caminos, a costa de peligros y de grandes dificultades. Ha sido una figura única, es verdaderamente un apóstol de esta religión argentinística por así llamarla”.

“Es hasta sanador tenerlo siempre presente. A veces lo extraño, y me duele su ausencia”, dice Falú, quien, por ejemplo, en plena marcha contra el 2x1, “una de las más grandes y hermosas manifestaciones argentinas”, mientras escuchaba por los parlantes canciones de rock, cumbia y reggaeton, sintió una “especie de vaciamiento” porque no sonaban Los Hermanos o alguna de las hermosas zambas de Don Ata.

Falú tuvo el privilegio de haber conocido a ese hombre que “ha marcado rumbos, con la poesía y la guitarra, particularmente en el modo de hacerla sonar. El sonido de Yupanqui es un sonido que todos quisiéramos tener. Tanto en Argentina como en el mundo”. Y por eso recuerda como hoy, el día que siendo un adolescente, en los años sesenta, lo vio en el camarín de un casino en Tucumán donde se presentaban diferentes artistas. “Me acerqué a saludarlo, y él me recibió tocando un preludio de Bach. Lo he visto un par de veces más; fueron momentos bastante fugaces pero suficientes como para que me quedaran grabados. Sin embargo, el día que más recuerdo no sé si existió: fue cruzando la calle, rumbo a un departamento que él tenía en Buenos Aires. Aún no sé si fue sueño o realidad, pero constantemente pienso en ese día”, revela quien de todos modos está convencido que “Yupanqui trasciende la experiencia de haberlo visto personalmente. Tiene una presencia colectiva que es tan fuerte en la realidad como en la fantasía, porque Yupanqui es depositario de muchas historias, de muchas ocurrencias, de muchas salidas irónicas. Tenía un sentido del humor que le era propio. Ha sido tan grande su figura que le terminan asignado situaciones que no son verdad, y que ya son parte de las leyendas de la cultura argentina”.

Ramón Ayala, de gira por Europa, un día fue a verlo a tocar a un teatro de París. “Después de actuar fui al camarín a saludarlo y le dije: ‘Atahualpa, he venido a verlo y disfrutar de su talento. Lamento muchísimo que esto sea tan breve porque usted está viajando mucho y yo también’. Él me dijo: ‘No importa, cuando uno sabe ver y sentir, lo poco es mucho’. Esa era su filosofía. Alguien que no necesitaba más que la tierra, que lo le daba el camino. Luego me invitó a su casa, me hizo de comer. Sacó unas latas y enseguida armó un guiso”.

Comparte esa mirada Falú, quien destaca que “otro aspecto de Yupanqui es que introdujo a la música nacional la figura del solista del folklore. No son muchos los países en los que un hombre solo, o una mujer sola, como en el caso de Yupanqui, de Eduardo Falú, de Suma Paz, de Moreno Palacios, de Di Fulvio, de Cafrune. Pero dentro ellos Yupanqui tenía un universo más completo, que calaba profundamente. Esa figura era una especie de hombre solo con una cosmovisión completísima de la cultura argentina. Iba con su guitarra y su mundo encima, no necesitaba nada más. Inclusive cuando no tocaba, el público se quedaba en silencio escuchándolo hablar, y eso indica que tenía mucho qué decir”.

De aquella vez visita parisina, Ramón Ayala también se trajo una anécdota: “De pronto viene un tipo y le dice, ‘Oye, Don Ata, qué se puede hacer para ganar guita’. Imaginá, justo a Atahualpa Yupanqui le viene a decir eso, que se pasó la vida gastando los dedos y su talento para ser mejor, para crecer y viene un boludo y le pregunta eso”.

—¿Y cómo reaccionó, qué le contestó?

—Tratá de que tus palabras sean mejores que tus silencios.

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