Revista Cítrica

“La clase política todavía tiene que despertarse culturalmente”


21 de julio de 2015

Maxi Goldschmidt

El tucumano Juan Falú visitó Buenos Aires y se metió en la polémica sobre el Día del Músico.Además nos cuenta sobre su formación y no se escapa a los debates culturales.

Foto: Valeria Camblor
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Hoy dirigís una diplomatura de música en la universidad de San Martín y desde hace años sos profesor ¿Cómo fue tu formación como músico?
En mi época había conservatorio, que muchas veces resulta una escuela increíble. Depende mucho de los profesores pero en Tucumán había un gran profesor de guitarra, un gran guitarrista y maestro que se llamaba Luis Ventura. Pero yo no era disciplinado ni estudioso. Deserté del conservatorio, duré poco. Después tomé clases particulares con el mismo profesor pero también las dejé y no acumulé una experiencia académica importante. Sí en cambio fue ganando una experiencia vivencial importante con la música, porque empecé a tocar y tocar y a estar con músicos y a recorrer lugares, recorrer la noche y adoptar un lenguaje musical, que es lo mismo que tengo ahora. Y esos son los lenguajes musicales que se hacen con gente, no se hacen estudiando. Uno toca una zamba o una vidala por estar con otros. Esa es la escuela de los músicos populares y no hay que desdeñarla.

 

 

¿Te sigue sorprendiendo la potencia de la música de raíz foclorica? Hoy hay cantidad de expresiones muy diversas y de mucha calidad.
Es un momento especialmente rico, porque ya pasó el periodo de la incertidumbre. Ese periodo en el cual los músicos jóvenes no tenían una percepción y una incorporación clara de esos lenguajes musicales de raíz. No la tenían, al menos en los principales centros urbanos. Fue un periodo de búsqueda, de experimentación, y pasó toda esa generación que abrazó el rock, el jazz y que quiso hacer tímidamente folclore sin conocerlo. Pero eso es cosa del pasado. Ahora hay un enorme comprensión, una gran claridad estilística que hace folclore. Y mucho talento.
 

¿Algo tiene ver lo que ocurrió en el país, donde hubo una recuperación del ser nacional y un revisionismo también de la cultura nuestra?
Yo lo veo más como un movimiento generacional cultural que como resultado de una acción gubernamental. Es cierto que hay gestiones que ponen el eje en determinados aspectos y eso genera resultados. Pero en realidad la clase política todavía tiene que despertarse culturalmente. Hoy tenemos un Ministerio de Cultura con una ministra (Teresa Parodi) que conoce muy bien este tema, y yo mismo estoy involucrado en proyectos que me parecen magníficos, pero en general la clase política tiene que descubrir el valor estratégico de la cultura. A veces hay como un conformismo, un reduccionismo y se confunde cultura con arte, y en las artes, sobre toda en la musical, que es el lenguaje más masivo de las artes, hay un conformismo en el sentido de echar mano a lo que es más rápidamente convocante. Por eso hay una exagerada presencia del rock, por ejemplo. O de artistas que son de otros lenguajes y que son realmente exitosos y populares en estos tiempos y con eso hay una garantía de convocatoria. Y la fórmula pareciera ser arte + convocatoria = apoyo. Es una fórmula que hay que respetar y entender desde una gestión pero no desde una estrategia cultural. Es lo de siempre en cualquier plano, en el económico, en el social, en la salud: está el cortoplacismo, el inmediatismo, el medio plazo y lo estratégico. Yo sigo siendo setentista y pienso estratégicamente, siempre. Me falta una estrategia personal nomás? 


La batalla cultural la das tocando, formando músicos y también cuando salís a decir cosas que hacen reflexionar y generan debates, como cuando criticaste el Día del Músico.
Sí, muy bueno el debate. Fui respetuoso, no me tiré en contra de Spinetta. Sería absurdo eso. Pero el personaje que impulsó todo esto (Diego Boris), a pesar del debate y de una fuerte crítica a la iniciativa, al mes se mandó otra parecida y decretó a través de la sanción de una ley que el Día Nacional de la Guitarra fuera el aniversario de la muerte de Pappo. Parece que hay sujetos cuyo país se fundó hace cuarenta años, y no tienen la menor idea del país de la cultura que los precede y que es actual. Y tampoco pareciera que les importa ese descuido. Y en el Congreso hay proyectos de ley que se deciden a mano alzada, sin leer ni discutir. En realidad esos temas hubieran sido una linda oportunidad para un debate sobre la música nacional, la cultura nacional, los símbolos. Que debatan, que se saquen ese biombo cerebral que tienen alrededor del tema cultural.


¿Qué otros debates a nivel cultural nos están haciendo falta?
Todo me parece importante pero no sé si tengo ganas de ir al frente en todos. Porque la exposición es alta y a veces se pagan precios altos por esa exposición. O a veces uno es víctima de malos entendidos y recibe toda suerte de críticas injustas, hasta groseras. No sé. Yo estoy particularmente odiando al facebook desde hace un tiempito. Pero reconozco que lo que se produce en las redes sociales, como posibilidad de debate es muy bueno. Las cartas están echadas, las ideas también y el debate se dará siempre. Pero yo me voy a dar un descansito.


Con sesenta años, ¿tu apellido sigue siendo un peso? ¿De joven era una carga o una motivación tener tan cerca a Eduardo Falú?
Era un peso. En mi última visita a Tucumán, mi madre me confesó que un día, cuando yo ya tocaba, mi padre le dijo a ella: Eduardo hay uno solo. Y yo sabía que pensaba eso, y lo sé. Sí, es un peso. Es un estímulo y... Debe ser ese el origen de mi esquizofrenia. Lo que me gustaba me empezó? mirá lo que me hiciste ver...¿Cuánto te debo, hermano?


Las visitas del tío Bach
“Será porque pasé los sesenta, pero últimamente tengo una enorme curiosidad por verme a mí mismo de niño tocando la guitarra. Me gustaría verme y oírme. Lo único que recuerdo es abrazar la guitarra y tocarla. Y recuerdo mucho tenerlo a mi padre al lado con la guitarra y yo mirándole los dedos y él enseñándome cómo poner la mano. Hace poco mi madre, que tiene 98 años, me contó: ?Cuando venía tu tío Eduardo a Tucumán y pasaba por casa, primero se sentaba a hablar con tu padre, ellos se ponían al día, y vos estabas paradito al lado, esperando que termine esa conversación para que agarre la guitarra?. Me emocionó mucho. Para mí era como que me visite Bach, era lo mismo”. 

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